kanu.jpg[Por Sergio Cortina] Una de las estampas más impresionantes que pueda ofrecer el paisaje asturiano, es la contemplación de la gigantesca central térmica de Soto de la Barca, emergiendo tóxicamente de la nada, en mitad de un entorno bucólico. Así lo acordé anoche con un amigo, durante una conversación a las tantas de la madrugada, en la que varios whiskys facilitaron notablemente nuestras reflexiones en voz alta. La mayoría dirá que las fábricas son feas y además malísimas para la salud. Cierto, pero a nosotros nos gusta esa belleza industrial. Y principalmente por una única razón, por llevar la contraria. Pero no penséis que es una postura impostada. Es una forma de ver las cosas, siempre crítica y al reves de lo que se supone correcto, que llevamos cultivando desde que éramos unos críos. Y esta enfermedad, tocacojonismo creo que se llama, pero con todos sus síntomas aplicados al fútbol es la misma que me lleva a ser aficionado del club más imprevisible de Italia, el Internazionale de Milán.

Recuerdo que mi simpatía por la Bienamada, así les llaman en Italia a los neroazurri por su tendencia histórica y pese a los muchos títulos, casi enfermiza al fracaso, comienza, más o menos, en el año 93. Yo tenía trece años y durante un viaje a Cataluña con el colegio, me compré la primera camiseta de fútbol que no era del Oviedo, una réplica de la elástica del Inter con el nombre de Dennis Bergkamp serigrafiado en la espalda. Mis amigos de entonces llevaban camisetas de Alemania, de la seleccion holandesa, del Barça o del Milan. Era lo que tocaba, pero lo que a mi me gustaba aquel trozo de tela azulnegra con la publicidad de Fiorucci en el pecho no lo sabe nadie. Ya saben, por llevar la contraria.

Mas tarde, la simpatía se acrecentó viendo perder, una y otra vez, a jugadorazos como Ruben Sosa, al grandísimo Yuri Djorkaeff, a Ronaldo, a Roberto Baggio o a ese genio del regate loco que atiende al nombre de Kanu. Inexplicable. Porque esa es otra, el Inter ha sido, sin duda alguna y desde que yo alcanzo a recordar, el mayor elenco de talentos de la historia del fútbol empecinados en lograr un objetivo común, la derrota. Y en esto, hay que reconocerlo, en el Inter siempre han sido maestros. Por eso, esta época de éxitos está resultando tan rara para el afionado interista. Porque más que ningun otro aficionado del mundo, sabemos que el vagón de la montaña rusa puede empezar a descender en cualquier momento. De hecho, es rarísimo que no lo haya echo ya. Cosa del ADN. Por cierto, el Inter ha cumplido hoy cien añitos con victoria incluida. Están desconocidos.

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