[Por Sergio Cortina] Gracias un cóctel explosivo, de síndrome de abstinencia futbolístico, tedio insoportable y cierto interés, que confluyó en mi cerebro estos días, me he visto cuatro partidos de fútbol durante el fin de semana. El Udinese-Livorno, el Sevilla-Atleti y los dos del Super Domingo inglés. Este chaval no tiene vida social, concluirán ustedes. Y no se equivocan. Pero es más, tras el mencionado maratón lo que no tengo es vida mental. Ahora soy un vegetal, que dirían Nacho Canut y compañía. El caso es que como ninguno de los ocho equipos en liza me cae especialmente bien, ya es casualidad, me dediqué a rastrear en busca de auténtico fútbol, más allá del resultado. Pero nada, algún detallito. Lo dicho, vegetal. Eso si, lo que si hubo fueron bastantes sorpresas. Pequeñas tonterías, de esas que me gusta comentar con ustedes.

La primera y mayor es que el Atleti le metiese el agua al Sevilla, en el Pizjuan. Porque los colchoneros llevaban quince años sin ganar en la bañera sevillista y porque lo hicieron usando las mismas armas que los blancos. Esto es, pierna dura, marullería y velocidad. El Atleti mordió en cada balón dividido y puso a correr a Simao para hacerle un traje a Dani Alves. Y El Kun, cada vez con más ascendente en la liga, se la lío enorme al Capo Maresca, quien lo iba a decir, y provocó su expulsíon. Antes se embolsó un gol de listo. Sumen a esto que la defensa funcionó muy bien, salvo alguna boutade de Pablo y Abbiatti, que Forlan sigue a lo suyo y Maxi también y entenderán porque los rojiblancos están en (y con pinta de) Champions.

De lo extranjero, del Calcio y del Super Sunday me voy a quedar con dos cosas accesorias pero que, precisamente por eso, nadie va a comentar. Me resultó chocante ver la actualidad futbolística de lo que hace años eran dos grandísimos futbolistas, Diego Tristán y Michael Ballack. El de la Algaba es el único jugador del Livorno, con el verdadero crack Tavano en al banco por lesión, capaz de jugar a algo parecido al fútbol. Ayer casi marca de tiro libre a 30 metros y dejó un par de regates y caños preciosos. Eso si, resulta curioso ver como el Livorno se aferra a un Tristán desahuciado para sobrevivir. Más épico imposible.

De este Super Sunday, que le abre una autopista al United para correr hacia un nuevo título, y que confirmó la fortaleza, legendaria ya, del Chelsea en Stamford Bridge, me sorprendió lo de Ballack. El arrogante centrocampista alemán, otrora futuro dominador del fútbol europeo, se puso esta noche el mono de trabajo. Corrió como un negro, algo se la habrá pegado, e incluso aceptó órdenes de Didier Drogba. Esto es como si Hrubesch le cantase las cuarenta a Beckembahuer. Vivir para ver, el alemán se marcó un buen partido haciendo de peon. ¿De fútbol?. Más bien poco. Como en los otros encuentros, salvo en Udine, hubo mucho más de esta cosa atlética a la que se juega ahora. Pero eso si, y para finalizar este último párafo, sólo tres palabras. Fue muy entretenido.