[Por Sergio Cortina] Hace unos meses tuve la ocurrencia de decir en público, que el tapado para ganar esta Copa de Europa era el Chelsea. Lo malo es que aquel pronóstico mío, que podía haberse quedado en boutade ocasional, lo he venido repitiendo en las tertulias con mis amigos, casi cada domingo. Que si tras la marcha de Mourinho los azules juegan sin tanta presión nagativa, que si Europa les debe una Copa y demás estupideces de bar. Pues bien, ¿saben que les digo?. ¡Que maldita sea la hora en que se me ocurrió y maldita sea mi estampa, porque para no quedar como un bocazas me tengo que tragar los partidos del Chelsea. Y con franqueza, preferiría que me cortasen un pié como a Kunta Kinte, antes que volver a ver uno de estos bodrios con los que se despachan los chicos ricos de Londres. Sin ir mas lejos, esta noche contra el Fenerbahce, he tenido las Páginas Amarillas abiertas en la sección de cortapies y el teléfono en la mano. Tranquilos, no se preocupen. Gracias a dios, soy una mezcla de cobarde y hombre paciente.

El caso es que el Chelsea salió con el brío suficiente para ponerse por delante a los cuatro minutos del comienzo. Joe Cole cruzó al área y Michael Ballack, eterna y dentro de poco anciana promesa del fútbol mundial, cabeceó a la red. La cosa pintaba bien pero lo cierto es que este tanto supuso el fin de la historia. ¡En el maldito minuto cuatro de juego!. Porque a partir de ese momento, a los dos equipos se les apagaron las luces. Los muy miserables, tan sólo concedieron dos detalles de calidad en este primer periodo. La falta sacada por Alex, con esa carrerilla cortísima tan propia de los brasileños cancheros y una contra made in mourinho, que Drogba remató defectuosamente. Como tirar el dinero por la alcantarilla.

Miro al banquillo y veo al abuelo Grant con cara de desesperación mirando al rectángulo. Abroncando. Y me lo imagino llegando a la última pantalla de Super Mario Bros 3, perdiéndo su última vida como un imbecil, y echándole la culpa a los pobres píxeles cuando lo cierto es que tiene menos habilidad con los juegos que un mono. Resulta gracioso acordarse ahora de los que criticaban el juego de Mourinho. Al menos con el portugués había movimientos tácticos brillantes. El Chelsea tejía coreografías horribles, pero tejía algo. Lo de ahora es vulgaridad pura y dura.

El Fernerbahce, por su parte, es un espejo fiel de Zico. Parece una oveja Dolly que haya sido creada a partir de una célula de la leyenda del fútbol mundial. Gusto por el toque, calma carioca es cierto, pero también una desesperante falta de chispa. Eso es lo que lleva impreso el equipo turco en su código genético. Tan sólo Capitán Alex (como le dicen en Estambul), aunque jugó demasiado retrasado como para desnivelar, y Lugano aportaron clase. Este último por cierto, no parece uruguayo y central de lo poquito que rasca el tobillo rival.

Así las cosas y con los dientes de la sierra hambrientos de mi pobre tobillo, el partido entró en su recta final. Los rayados, que no habían chutado una sóla vez a puerta casí anotan en dos ocasiones consecutivas en las que Hilario, que estaba participando del desaguisado por la lesión de Cudicini, se comportó excelentemente. Y en estas Essien rebañó un balón con su acostumbrada falta de elegancia y Lampard apareció para notar el segundo, acabar con el sueño turco, mantener viva la leyenda del Bridge y obligarme a mi a escribir sobre el Chelsea en la próxima eliminatoria. Terrible. Y para más inri su rival será el Liverpool. Creo que mañana comparé una prótesis.