[Por Sergio Cortina] Esta mañana, leí un fanzine en el que publican una entrevista a Lidia Damunt. Ella era la guitarrista de Hello Cuca y estos, uno de mis grupos favoritos. Entre retazos sobre el disco que acaba de alumbrar en solitario, confiesa que decidió aprender a tocar después de escuchar a Bikini Kill, enamorada del arte de tocar con una única cuerda, tan sólo tres acordes y en plan surf. Y a todo esto me he parado a pensar en que mis gustos futbolísticos y musicales están muy lejos de casar. Me gusta el punk simple y coreable, no me gustan los bregadores. Odio a cualquier guitar-hero de la vida, alucino con un regate burlón de Kanu. Aborrezco las abigarradas catedrales del tacticismo que ejemplifica Arrigo Sacchi, detesto lo orquestal.

Y ya que estábamos, rebusqué entre mis discos y puse algo de Hello Cuca. Bien, en un salto mental, mientras mi pensamiento flotaba hacia adelante entre frases formadas por palabras como punk, chatarra, rockabilly o auténtico, apareció la cabeza asquerosamente engominada, como Bela Lugosi del fútbol mundial, de Gonzalo Higuain. Y me dio un poco de verguenza de mi mismo porque Higuain es como Lidia Damunt. Sabe dos o tres acordes, poco más que chatarra de garage, pero los ejecuta con gracia y perfección. Así que desde esta mañana respeto un poco más al argentino y creo, aunque no aseguro nada, que nunca más le volveré a llamar picapiedra.