[Por Sergio Cortina] Si Massimo Moratti, aficionado como es a la inversión benéfica, tuviese un mínimo de caridad y se parase a reflexionar por un momento, le dedicaría un busto, en el lugar más exclusivo del Meazza, a Tommaso Ghirardi. Entre los fetiches de los Bergomi, Ronaldo y Mazzolla, cuanto menos. No, no se equivoquen, el tipo no es un delantero centro prometedor, ni siquiera un estajanovista del carril del 2. Es más, me atrevería a decir que lo más redondo que ha visto en su vida es un chupa-chups. Pero Ghirardi es presidente del Parma y ha tenido la clarividente idea de cesar a Héctor Cuper justo antes de que el tristísimo cometiera el infortunio de soplarle un segundo campeonato al Inter en la última fecha. Y dice que no tifa en neroazurro…

Se que la cábala es el pasatiempo perfecto para los imbéciles y que lo siguiente en la involución del cerebro para quien pierde el tiempo en estas cosas es el animismo, pero el asunto es tan paradigmaticamente futbolero que no me he podido resistir a comentarlo. Resulta que desde la debacle en Siena deambula por Milán el fantasma del 5 mayo, el recuerdo de aquella noche de 2002 en la que aquel Inter de Cuper se dejó ante la la Lazio un campeonato que tenía atado. Como ahora. Y como en el Meazza están acostumbrados a que cualquier cosa que pueda salir mal, lo haga, deberían besar el suelo por donde pisa el tipo que les ha librado, pase lo que pase nada sería comparable, de un año de coñas milanistas.

Y ahora, con el camino despejado de gafe argento, el Inter de Milán tiene que hacer su parte. Esto es: cada aficionado deberá elaborar una pizza poner con un poco de gorgonzola, unas rodajas de salami milanés, 5 hilos de una bufanda naroazurra, tres pelos del pupi Zanetti, un taco ensangrentado de Marco Matarazzi y la foto quemada del cabezón Cuper. Guardarlo todo en un sitio en la cocina de la mamma, donde nadie pueda tocarlo y esperar. Lo que puedan hacer los once que salten al Ennio Tardini es algo más imprevisible.

[P.D. Os pido disculpas por no publicar con la regularidad habitual. Resulta que voy a cambiar de trabajo y de ciudad, a finales de mes ya estaré en Madrid y todo esto me tiene más descentrado que ganar tres ligas consecutivas a un interista. Ya saben, la novedad...]