[Por Sergio Cortina] Uno, aficionado como es al infrafútbol, encuentra muy ocurrente lo de emborracharse con unos colegas y molestar a todo el barrio a base de vociferar como un mostrenco canciones del St. Pauli a las seis de la mañana. No al fútbol moderno, que dicen algunos. Lo que ya no me hace maldita la gracia, es ver al Real Oviedo buceando en toda esta basura de campos de hojalata y escudos dibujados a bolígrafo por el hijo del presidente de turno. A ver si salimos pitando. De momento, de esta ristra de potencias futbolísticas de primer orden que pueblan el fútbol amateur, nos ha caido en gracia el Caravaca. Místico emparejamiento y desplazamiento asqueroso, pero a fe (nunca mejor dicho) que hay que ganar este domingo y después al Narón o al Antequera. En fin, alguno me va a tachar de irrespetuoso pero sólo espero que no se nos caiga ninguna grada supletoria encima y que subamos. Me da igual con dos huevos o como aconseja el orfebre del lenguaje que tenemos en el banco (”tenemos que conseguir un maridaje de alegría y responsabilidad que nos permita jugar alegres y estar protegidos”). Y bueno, puestos a pedir, que Real y Málaga vuelvan al lugar que les corresponde…